26 de may. de 2014


Imagina estar encerrado en un cuerpo pesado y metálico del que no eres plenamente consciente. Imagínate tratando de mover esas extremidades articuladas, no tan precisas como las de los seres humanos que se sientan frente a ti, ordenándote que alcances una manzana que descansa sobre la mesa que te separa de ellos.

Has logrado identificar con éxito ese objeto rojo y redondeado como la fruta prohibida, de acuerdo con una tabla de parámetros que tus creadores han codificado para ti. Ellos celebran tu logro, que es el suyo propio, después de décadas de estudio de robótica. Sin embargo, aún estás muy lejos de ser tan inteligente como ellos esperan que seas.

El tuyo es un mundo pequeño. Se limita a esa mesa cuadrada y a los tres investigadores que interactúan contigo a través de ella. Mirando atrás en el tiempo, tu memoria sólo llega hasta hace quince meses y, sin embargo, eres el protagonista de la conferencia de apertura de EUCogIII, un evento internacional de robótica organizado en Bochum (Alemania) por la EUCognition, la red europea que promueve el estudio y avance de los sistemas cognitivos.

No puedes sentirte agradecido hacia tu programador, Peter Dominey, porque obviamente no eres más que un humanoide sin sentimientos, un robot iCub bautizado iCubLyon01. Pese a ello, Dominey está decidido a humanizarte, y trabaja para ello en su laboratorio del Inserm Stem Cell and Brain Research Institute in Lyon (Francia).


A la izquierda, Peter Dominey enseñando a un robot iCub a interactuar con objetos sobre una mesa.

Los sistemas robóticos en los que Dominey comenzó a trabajar al principio de su carrera como investigador se limitaban a un ordenador. Pese a lograr importantes avances en el aprendizaje del lenguaje, Dominey pronto se dio cuenta de que necesitaban su propio cuerpo, su propia estructura metálica, para poder seguir aprendiendo a través de acciones y experiencias. iCub, un robot humanoide de metro y medio de alto diseñado por el Consorcio RobotCub para la investigación de la cognición humana y la inteligencia artificial, se convirtió en la plataforma elegida para sus experimentos.

El matemático Alan Turing, famoso por descifrar el sistema de codificación de mensajes de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, escribió en 1947 que “de todos los posibles campos, el aprendizaje de una lengua sería el más impresionante, ya que es la más humana de las actividades”. Turing apuntó sin embargo que “este campo parece depender demasiado de los órganos de los sentidos y la locomoción para ser factible”.

Dominey reconoce que dotar a iCub con la facultad del aprendizaje y la repetición de palabras no es suficiente para que interactúe con humanos. Tener un cuerpo supone un paso adelante significativo, pero los robots aún carecen de numerosos elementos que las personas utilizan en sus procesos comunicativos. El más importante, la noción de uno mismo. 

“De lo que nos dimos cuenta es que cuando la gente interactúa, existe la noción de ser seres humanos”, explica Dominey en una entrevista con Gravedad Cero. “Yo se que tú tienes intenciones y que me estás prestando atención, y yo tengo un objetivo, que es intentar comunicarte algo a ti. Entramos en una especie de relación yo-otro. Creo que para que un robot sea más aceptable socialmente debe ser capaz de entrar en este tipo de relación con otras personas”.

Dominey buscó respuestas en la psicología, un campo en el que el yo es un área de estudio importante. Él y su equipo dividieron el yo en cuatro categorías: el yo ecológico (la noción de estar dentro de un cuerpo y ser capaz de reconocerlo), el yo interpersonal (ser capaz de reconocer a los demás como iguales), el yo conceptual (la idea del Yo en sí misma), y el yo narrativo, el más interesante para este investigador.

El yo narrativo es la historia personal que los individuos crean con el tiempo, la historia que le da sentido a su vida. Cuando les sucede algo, las personas intentan integrar estos acontecimientos en su propia narrativa, para poder dotarles de sentido”, explica. En la actualidad, iCub carece de esta capacidad, pero Dominey está decidido a dotarle de ella en los próximos cuatro años. En un escenario futuro ideal, los robots deberían estar compuestos de esas cuatro categorías del yo.

El iCub de Dominey ya reconoce palabras y direcciones sencillas. © Inserm / P. Latron.

Para lograrlo, iCub necesita una memoria autobiográfica que le permita  desarrollar una noción de sí mismo a través del tiempo, incluyendo las relaciones que mantiene con los seres humanos.

"La memoria autobiográfica ayudará al robot a estructurar sus recuerdos y experiencias de acuerdo con algún tipo de plantilla”, detalla Dominey.

Por el momento, su iCub ha acumulado quince meses de recuerdos, producto de interacciones sencillas con Dominey y los miembros de su equipo, a través de un lenguaje simplificado. El robot puede recordar sus encuentros y ha aprendido el nombre de varios objetos y localizaciones (norte, sur, este y oeste). Esto le ha permitido manipular objetos sobre la mesa que representa todo su universo. Mejorar la interacción del robot con los humanos aceleraría su proceso de aprendizaje, acercándolo a la forma en la que aprenden los niños. Durante décadas, los científicos se han sentido desconcertados por la capacidad de los niños de asimilar más de 680 palabras nuevas en sus primeros 18 meses de vida, principalmente a través del sentido del tacto, palpando y sintiendo físicamente los juguetes, los alimentos, las mascotas y el resto de objetos de su entorno.

Sin embargo, los robots iCub todavía necesitan muchas mejoras en la percepción sensorial y carecen de la capacidad humana de sentir emociones físicamente, una facultad muy ligada a la producción de hormonas. Dominey lamenta que los científicos aún no hayan encontrado una manera de hacer que los robots sientan miedo o felicidad de la misma forma que los seres humanos.



Una limitación adicional es el hecho de que iCub es todavía incapaz de comprender elementos complejos pero fundamentales del lenguaje, como las metáforas, unas figuras retóricas que además varían drásticamente de un idioma a otro. Avances en el procesamiento de grandes bases de datos de palabras están permitiendo un progreso más rápido en este sentido, explica Dominey. Pero esto requiere un enfoque multidisciplinar, con la participación de expertos de muchos campos, como la ingeniería informática, la psicología y la lingüística.

Srini Narayanan, ingeniero informático en el Instituto Internacional de Ciencias de la Computación de la Universidadde Berkeley en California (EEUU), lidera un proyecto para comprender mejor el papel que la metáfora desempeña en cómo las personas de diferentes orígenes culturales desarrollan una opción y toman decisiones. Bautizado como Metanet, su proyecto arrancó hace tres años y consiste en un sistema que extrae metáforas del texto en cuatro idiomas diferentes: inglés, persa, español y ruso.

"Trato de comprender cómo utilizamos las metáforas en las diferentes culturas y cómo podemos interpretarlas de manera sistemática", explica Narayanan. Él también estudia cómo enseñar a los robots a interpretar un conjunto de expresiones con varios significados, como "recuperación anémica" o "tomar medidas audaces" .

Como parte de este proyecto, su equipo ha extraído metáforas conceptuales a partir de grandes cantidades de datos lingüísticos y ha llevado a cabo varios experimentos para detectar las diferencias de significado entre las cuatro culturas. Los resultados de su investigación y los de muchas otras similares están sentando las bases de un sistema que permitiría a los robots comprender y deducir significados y no sólo aprender por imitación.

"Yo creo que los robots nunca alcanzarán el entendimiento porque no son seres humanos. Con la tecnología actual no podemos desarrollar un robot que pueda analizar todo el contexto social. Pero eso no me detiene de seguir adelante porque ¡hay tanto que podemos hacer…!", suspira Narayanan.


Lejos aún del avance esperado


Ricardo Téllez, investigador de inteligencia artificial de la Universidad Politécnica de Cataluña, afirma que hay un sentimiento general de decepción entre los expertos en robótica, ya que los robots aún no han logrado hacer todo lo que ellos esperaban. A Téllez le preocupa lo que él ve como una falta de avances en este campo. Después de trabajar siete años para una empresa privada que produce robots para ayudar en eventos públicos y de dejarlo para volver a la universidad, asegura que los artículos científicos transmiten la impresión de que los robots están mucho más avanzados en términos de reconocimiento del lenguaje y el lenguaje artificial de lo que se encuentran en la realidad.

"El paradigma actual se basa en dotar a los robots de tablas con parámetros o pistas para reconocer objetos, palabras, rostros, o direcciones. Pero la realidad es mucho más compleja y las posibilidades son infinitas. No podemos construir una tabla con todas las opciones posibles que el robot va a encontrar en un entorno real", explica a Gravedad Cero.

Téllez lamenta que este sistema de mesas es el único actualmente capaz de producir resultados en muy corto plazo, ya que el "verdadero camino hacia los robots verdaderamente inteligentes es mucho más difícil" y requerirá entre diez y veinte años. Él aboga por un cambio de paradigma, buscar una forma de que el robot logre entender lo que está pasando a su alrededor.

"La inteligencia artificial no puede ser concebida sólo como un software; tiene que estar construida sobre un cuerpo que interactúe con el medio ambiente. Lo que uno de esos elementos hace afecta al otro. Esa interrelación es la que genera conceptos y, finalmente, la comprensión", dice.

Según este investigador español, los robots están dando buenos resultados en entornos restringidos y controlados como los laboratorios, pero todavía se topan con muchas dificultades en el mundo real. Un artículo científico publicado por la revista Industrial Robot ha descrito algunos de los escollos inesperados encontrados por robots no tripulados que se probaron en la central nuclear de Fukushima-Daiichi en Japón.

"Hemos hecho avances importantes en los últimos años, pero no tantos como pensábamos. No es sólo la falta de inteligencia, la percepción sensorial es también todavía un poco frustrante", dice Téllez.

Téllez se ha conformado ahora con una salario más bajo a condición de poder investigar este campo. "Las empresas privadas suelen ser demasiado conservadoras y preocupadas por los resultados económicos inmediatos para poder investigar la inteligencia artificial por este camino", lamenta.

24 de may. de 2014


Aún estamos trabajando con los rusos y esperamos ciertamente poder continuar esa colaboración”, afirmó Jim Adams, subdirector de tecnología de la NASA, en la Royal Institution de Londres en la que detalló el plan de la agencia estadounidense para enviar humanos a Marte en 2035, al que están dedicando gran parte de sus esfuerzos y para el que es indispensable la colaboración internacional.

“El largo plazo requiere visión. Si la visión y la intención de la gente es lo suficientemente fuerte, entonces superaremos estos titubeos momentáneos en la política internacional. Hemos visto eso suceder eso una y otra vez en varias relaciones”, añadió Adams.

Estados Unidos ha congelado algunas de sus actividades con Rusia en represalia por la crisis de Ucrania. Las visitas de astronautas rusos a instalaciones de la NASA han quedado suspendidas y se ha bloqueado el intercambio de correos entre las agencias espaciales de ambos países, así como la colaboración en prácticamente todos sus proyectos. El trabajo conjunto en la Estación Espacial Internacional (EEI), en cambio, se ha mantenido. Estas declaraciones suponen un nuevo intento de relajar las tensiones entre la NASA y sus socios rusos.

Ellen Stofan, directora de ciencia de la NASA, subrayó la “relación tan profunda” que la agencia siempre ha mantenido con Rusia. “No tendríamos la Estación Espacial Internacional sin cooperación internacional. La NASA no ha recibido ninguna indicación espacial de que esa relación haya sufrido ninguna modificación”.

Stofan mencionó como ejemplo el retorno a la Tierra el miércoles de tres astronautas, uno de ellos ruso, tras acabar su estancia de seis meses en la Estación Espacial Internacional. “En el día a día esa relación continua”, recalcó.

Los proyectos en esta base internacional son de hecho claves para el plan al que la NASA destinará la mayor parte de sus recursos durante los próximos años, el desembarco de la humanidad en Marte.

Astronauta trabajando sobre el asteroide trasladado. © NASA.

Ambos expertos adelantaron más datos sobre el calendario de esa misión. El plan incluye trasladar un asteroide de diez metros de diámetro a las proximidades de la Luna para utilizarlo como escenario de prácticas para los astronautas. Esto significa que la Luna en sí ha quedado descartada como lugar de entrenamiento, en parte por los costes que suponen el aterrizaje y despegue en el satélite terrestre con una gravedad más elevada que en una roca tan pequeña.

Uno de los retos más a corto plazo en esta misión, dijo Adams, es encontrar el asteroide más apropiado. Ese es uno de los motivos por el que la agencia espacial ha duplicado el presupuesto de su programa de búsqueda de asteroides. Adams no precisó la inversión que será necesaria para trasladar la roca, pero el presupuesto de la agencia para este año es el primero que incluye una partida para esa misión. Adams recalcó que la colaboración internacional será clave para llegar a Marte ya que la NASA no puede afrontar en solitario una operación tan compleja.

“De los cientos de miles de cuerpos de este tipo que hemos detectado hasta ahora, sólo hay uno que nos sirva. Pero vamos a continuar buscando y a involucrar a la comunidad internacional para encontrar el más adecuado para esta tarea”, añadió.

Los sorprendentes planes de la NASA para este pequeño cuerpo rocoso pasan por envolverlo en una bolsa de veinte metros de longitud y arrastrarlo hasta la órbita de la Luna, para lo que necesitarán doce toneladas de gas xenón como combustible.

La misión para recolocar robóticamente el asteroide comenzará con el lanzamiento del cohete más grande del mundo en 2017. La captura está programada para alrededor de 2020, y el envío de los astronautas para tres años después. Todo ello con la mente puesta en 2035, la fecha en la que la agencia estadounidense espera culminar sus planes de enviar seres humanos a Marte.

Astronautas operando sobre el asteroide envuelto. © NASA

Presencia permanente


Según Stofan, los humanos irán a Marte para quedarse. “Veo esto como el inicio del establecimiento del primer puesto humano internacional en el planeta”, dijo. “Probablemente el primer grupo de astronautas regresará a la Tierra. No creo que sea justo pedirle a nadie que vaya allí sin posibilidades de volver. Esas no son las intenciones de la NASA. Queremos asegurarnos de que tendrán la opción de regresar si quieren hacerlo”. 

La agencia trabaja ya en el diseño de nuevos trajes espaciales y protocolos de seguridad para proteger a los astronautas de la intensa radiación a la que deberán enfrentarse en Marte durante largos períodos. Esta es, de hecho, la principal preocupación para Stofan.

“Una de las cosas a decidir es la exposición máxima a la radiación que consideraríamos ética, dadas las consecuencias que tiene para la salud y el sistema reproductivo a largo plazo”, añadió Stofan.

La siguiente dificultad a superar es el aterrizaje, ya que la nave entra en la atmósfera de Marte a una velocidad de 17.000 kilómetros por hora y tiene que disminuir hasta cero en siete minutos. “Es una tarea muy, muy compleja,” explicó la directora de ciencia. “En esta ocasión estaríamos hablando de enviar un grupo de personas y cuatro veces la masa que enviamos con el Curiosity. Aún no sabemos cómo hacer eso”.

La NASA trabaja en formas para extraer agua de la atmósfera de Marte y en el desarrollo de una banda ancha que permita el envío de cantidades enormes de datos a la Tierra. Lo máximo logrado hasta ahora ha sido transmitir datos desde la Luna a una velocidad de 680 megabytes por segundo.

La señal emitida desde la Luna recorre una distancia relativamente pequeña hasta llegar a la Tierra, por lo que la señal no se interrumpe a pesar de que se producen pequeñas vibraciones. Un movimiento mínimo desde una distancia como a la que se encuentra Marte arruinaría la comunicación. “Una pequeña vibración desde Marte supondría que la señal se desviaría una distancia mucho mayor del diámetro de la Tierra”, explicó Adams.

27 de dic. de 2013


La preservación de los resultados de las investigaciones no puede confiarse a los científicos de forma individual ya que alrededor del 80 por ciento de los datos se pierden en las dos décadas siguientes a su publicación, según advierte un estudio.


El artículo, publicado en la revista Current Biology, subraya que la pérdida de datos científicos supone un desperdicio de los fondos destinados a investigación y un retraso en el progreso de la ciencia. 

Los autores del estudio reclaman una política urgente que mejore la conservación de los datos desde el momento en que aparecen publicados en revistas científicas y que permita el acceso al resto de investigadores. 

La incapacidad para acceder a bases de datos antiguas es un problema más acuciante en los países más desarrollados, en los que la tecnología de almacenamiento se queda obsoleta a un ritmo mayor que en los países en vías de desarrollo, según afirma Timothy Vines, autor del estudio y profesor visitante en la Universidad de Columbia Británica (Canadá). 

"La gente en Norteamérica y Europa han usado disquetes durante muchos años pero ya no tienen acceso a ellos. En países en los que los recursos son más limitados, es posible aferrarse a estas tecnologías durante más tiempo, y eso podría significar que aún puedan acceder a los datos almacenados en ellos", explica Vines a SciDev.Net.

Esta noticia se publicó originalmente en SciDev.Net. Haz clic aquí para continuar leyéndola en inglés.



A los seres humanos les gusta pensar en sí mismos como las criaturas más inteligentes del planeta, capaces de procesar una cantidad inmensa de información a través de sus cinco sentidos, y utilizarla para evaluar riesgos y tomar decisiones. Pero este no es siempre el caso. Algunas personas son incapaces de detectar objetos que se dirigen directamente hacia ellos, incluso si su tamaño es mayor que el del propio individuo, como un gorila o un autobús de dos pisos. 

Escena de un documental canadiense sobre la ceguera por falta de atención. 
© Matthew Andrews 2012.

1 de sept. de 2013


La política de fomento de la innovación que Finlandia ha aplicado en las dos últimas décadas ha situado al país nórdico entre los países más innovadores. Desde la crisis de los noventa, en la que su PIB se desplomó un 13% entre 1990 y 1993, Finlandia se encuentra en un estado de reinvención permanente. Las medidas aplicadas en aquel entonces permitieron el surgimiento de la multinacional de telefonía Nokia, ahora en apuros. Veinte años después, el país busca un nuevo buque insignia que consolide su imagen de potencia innovadora. 


Emprendiendo en la Startup Sauna.
Foto: C. GALLARDO
El colapso de la Unión Soviética repercutió muy negativamente en la economía finlandesa a principios de los noventa. Un gran número de empresas echaron el cierre al perder a su principal cliente, por lo que el desempleo se disparó del 3% al 18%. El gobierno aplicó un paquete de reformas, recortó en todos los sectores menos en i+D, devaluó la moneda en dos ocasiones y apostó firmemente por la industria electrónica. La recuperación fue veloz pero no indefinida. Nuevos retos como el descenso de la demanda de papel -la principal materia prima del país-, los problemas de Nokia, la creciente pérdida de competitividad y la crisis de la eurozona, han provocado que tanto el gobierno como el sector privado se lancen a la búsqueda de nuevos sectores económicos con potencial de crecimiento. 

Los problemas de Nokia han impulsado este cambio de rumbo. El que fuera el mayor distribuidor de teléfonos móviles en el mundo durante catorce años, la empresa que llegó a representar el 4% del PIB de Finlandia en 2000, atraviesa una grave crisis debido a su escaso liderazgo en el mercado de los smartphones. Su alianza con Microsoft y el volumen decepcionante de ventas de sus teléfonos Lumia no han contribuido a paliar los problemas de la multinacional que, de continuar así, podría agotar sus reservas económicas antes de 2014 y asomarse a la quiebra. Los iPhone de Apple y los teléfonos de Samsung con tecnología Android han logrado seducir a los finlandeses, que durante años se mantuvieron fieles a los productos de Nokia. 

El Ejecutivo finlandés, consciente del giro desafortunado de uno de los orgullos nacionales, ha decidido promover el sector de las tecnologías no contaminantes, la bioquímica, la electrónica y los videojuegos, y destinar más recursos a tres herramientas clave para estimular la creación de nuevas empresas: la agencia pública de tecnología Tekes, el fondo de capitales de riesgo Finnvera, y el fondo público de innovación Sitra. Aunque el sector privado continúa aportando la inmensa mayoría de los recursos destinados a i+D (alrededor del 70%), la financiación pública ascendió en 2010 a 6.553 millones de dólares, una cantidad decisiva para el florecimiento de las start-up finlandesas, 300 de las cuales han sido creadas por antiguos empleados de Nokia.


Espacio de trabajo en Design Factory.
Foto: C. GALLARDO
Tekes es una figura clave en este esquema. Bajo el paraguas del Ministerio de Economía y Empleo, la agencia cuenta con un presupuesto anual de 600 millones de euros, que se reparten en forma de préstamos y ayudas para financiar proyectos tecnológicos, sin reclamar ningún tipo de propiedad intelectual ni comisión para sí. Finlandeses y extranjeros pueden solicitar esta financiación rellenando un formulario electrónico disponible en inglés, y obtener una respuesta en un plazo de 71 días. 

"En Silicon Valley (California, EEUU) hay tantos inversores de riesgo que es relativamente fácil encontrar inversión para desarrollar una idea, algo que no sucede en Finlandia. Esa es la razón de la existencia de Tekes y de su rápido crecimiento", explica Josi Tikkanen, responsable de comunicación de este organismo público, que recientemente puso en marcha un programa de financiación para proyectos relacionados con la industria del videojuego. 

Según sus propias estadísticas, alrededor de un tercio de los proyectos que financian fracasa. Pero entre los dos tercios restantes figuran claros casos de éxito como Rovio -diseñadora del videojuego "Angry Birds"- y ocho de las diez empresas finlandesas que más crecieron el año pasado, como Dream Broker, Analyse 2, Eniram o Aito Technologies. Además, cada euro de Tekes invertido en proyectos tecnológicos genera 21 euros de beneficios para la economía finlandesa. 

Otro agente clave en el panorama de la innovación en este país nórdico es Sitra, un organismo que depende directamente del Parlamento que se ha convertido en el primer inversor de capital de riesgo de Finlandia. Hace cincuenta años, el Gobierno dotó a Sitra de una suma inicial, pero en la actualidad es independiente ya que se autofinancia con los beneficios que le reportan cada proyecto exitoso en los que ha invertido. Sitra ofrece asesoramiento y préstamos para proyectos relacionados con la robótica, los servicios electrónicos, el desarrollo de tratamientos médicos innovadores, la eficiencia energética y la atención a personas dependientes o ancianas. La financiación puede prolongarse hasta dos o tres años y alcanzar un máximo de unos 5 millones de euros. 



Una sauna para incubar empresas


La sauna que le da nombre... fuera de uso.
Foto: C. GALLARDO
El epicentro visible de la innovación en Finlandia se encuentra en la Universidad de Aaltoen Espoo, a media hora en coche de Helsinki. De ella han salido la mayor parte de las start-up finlandesas más prometedoras de los últimos años y en sus alrededores se encuentra la Design Factory, un lugar en el que alumnos, profesores, investigadores y empresarios se reúnen para organizar cursos e intercambiar ideas y conocimiento. En 2010 algunos de estos estudiantes cruzaron la acera y fundaron la Startup Sauna, un centro de aceleración empresarial que ofrece espacios de trabajo, conferencias, programas de prácticas pagadas en empresas innovadoras de la capital, viajes de estudio a Silicon Valley y una amplia red de contactos para espolear el desarrollo de proyectos innovadores y fomentar las relaciones entre los emprendedores y los inversores privados o business angels. Desde su fundación han proporcionado formación a un centenar de equipos, que en total han recaudado alrededor de 25 millones de euros. 

Martin Talvari, miembro de Startup Sauna.
Foto: C. GALLARDO
La sauna no podía faltar en este antigua fábrica abandonada, pero los fundadores eligieron el nombre por su significado. "Startup Sauna hace referencia al calor y a la actividad intensa que se vive aquí en el día a día. Es un espacio muy dinámico, distintos equipos vienen a trabajar aquí una temporada, algunos de ellos forman una empresa, otros se marchan y otros tiran la toalla. Es como en las saunas, si no aguantas el calor, te marchas", explica Martin Talvari, miembro de la asociación. En estos coloridos espacios de trabajo, con amplios sofás y ordenadores de vanguardia, podría estar cociéndose el nuevo paradigma de la innovación de Finlandia, probablemente ligado a la electrónica o la industria del videojuego, los dos sectores más beneficiados por este esquema. Algunos aventuran ya que Rovio podría ser el nuevo Nokia, otros se muestran más cautosLos economistas coinciden en que el apoyo público sostenido en el tiempo es clave, ya que se necesitan entre tres y cinco años para que una empresa de este tipo pueda generar beneficios y dejar de mantenerse gracias a la inversión externa, pero alertan también de que estos dos sectores no serán suficientes para compensar el declive del papel y la industria química. 

"La industria del videojuego en Finlandia está valorada en 250 millones de euros y crece muy rápido pero aún sólo representa el 0,3% de las exportaciones finlandesas", apunta el economista Penna Urrila. "Debería mantener su crecimiento al ritmo actual durante cinco o seis años más para que pudiera salvar al país de sus amenazas actuales". 



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